Blog: más allá del precio. Análisis de la campaña de aceite de oliva en Extremadura

Los ánimos parecen estar más calmados después de que vaya despareciendo de los medios de comunicación la obsesión por el alto precio del aceite oliva. Se ha llegado a calificar al sector como especulador, cuando la realidad no es otra que se han dado diversas circunstancias coyunturales, motivadas por falta de disponibilidad de aceite de oliva debido a las malas cosechas. Nadie ha sentido más esto que los productores, porque no podemos olvidar que es el sustento de muchas familias, comprometidas además con una alimentación sana, de calidad y sostenible para toda la sociedad.

El pasado mes de diciembre lo terminamos con el 90% de la producción convertida ya en aceite de oliva, por lo que la campaña actual, que es la correspondiente a 2023/24, está prácticamente finalizada. Y cuando comenzó, en el mes de octubre, Extremadura fue una de las regiones que más aceite de oliva produjo a nivel nacional. Esta situación tiene gran trascendencia para nuestro sector, ya que refleja la apuesta que venimos haciendo en los últimos años por los aceites de oliva tempranos. De hecho, es uno de los factores que hace que el aceite de oliva virgen extra sea tan valorado a nivel internacional, dado que la calidad que se obtiene con ellos es muy alta.

En cuanto a producción, se cumplirá la estimación que realizó la Sectorial de Aceite de Oliva de Cooperativas Agro-alimentarias Extremadura a inicios de campaña, que era de 65.000 toneladas en la región. Sin duda, mejor que la cosecha anterior, en la que se produjeron poco más de 36.300 toneladas debido a la sequía y a las altas temperaturas que se registraron entonces en momentos fundamentales para el desarrollo del fruto. Pero no deja de ser una campaña media, muy lejos de las 104.000 toneladas que obtuvimos en la campaña 21/22.

La principal característica este año es la calidad del aceite de oliva virgen extra obtenido, a pesar de los bajos rendimientos que hemos registrado y que ya esperábamos, porque veníamos de un año muy seco. Aunque las lluvias que tuvimos en octubre hicieron que el cultivo evolucionara, al hidratar la tierra y los olivos, hemos conseguido más kilos de aceitunas, pero el rendimiento ha sido de entre un 2,5 y un 3,5% más bajo respecto a la campaña pasada.

Esta es la primera circunstancia que explica el alto precio en el que se ha situado el aceite de oliva. Partíamos de una baja producción por la sequía que arrastra el campo. Y esto se daba a nivel nacional, siendo España el principal productor de aceite de oliva. Ahora enlazamos con otra campaña en la que la producción, aunque no tan baja como la del año pasado, reduce la disponibilidad de aceite de oliva. Si tenemos en cuenta que el mercado se regula por la oferta y la demanda, llegamos a un punto en el que los stocks de aceite en el mercado internacional están bajo mínimos, generando un aumento de precios ante esa escasez.

E insisto en el carácter internacional de esta situación, porque el año pasado los otros grandes productores de aceite, Turquía y Grecia, compensaron en cierta medida la pérdida de producción que tuvimos nosotros. Sin embargo, este año, Grecia espera una producción muy baja y Turquía ha cerrado fronteras para la exportación de aceite con el objetivo de evitar el desabastecimiento de su mercado interno.

Esta es, ni más ni menos, que la realidad que tenemos ahora mismo y es difícil saber cuál será la tendencia en comercialización en mercados internacionales. Todo ello nos ha llevado a otro factor coyuntural: la reducción del consumo, que ha estado en torno al 40% en el último año.

Por tanto, el sector no está especulando ni se está enriqueciendo. De hecho, a medio y largo plazo está situación no es buena porque perdemos consumidores que nos va a costar mucho trabajo recuperar cuando las campañas se normalicen. Nosotros, productores y cooperativas, trabajamos por tener buenos precios por una buena actividad comercial, no por falta de disponibilidad, que ni podemos controlar.

Lo que sí es cierto es que hemos comprobado que el consumidor es fiel al aceite de oliva virgen extra, porque esperábamos una mayor caída de consumo. Y eso es porque se aprecia la calidad de un producto tan saludable. Dos cualidades -calidad y salud- que son los que caracterizan al aceite de oliva virgen extra, un producto del que tenemos que sentirnos orgullosos porque somos líderes a nivel mundial. Deberíamos tenerlo como bandera en lugar de atacarlo poniendo el foco de atención en la subida del precio que, insisto, se ha debido a factores coyunturales por falta de stock tras malas cosechas.

El sector de aceite de oliva está creciendo y esperamos que se normalice en próximas campañas. Estamos realizando grandes inversiones en este sector para que sea nuestro futuro, porque fija la población rural al crear empleo, contribuye al desarrollo del territorio porque es la única alternativa de cultivo que existe en muchas zonas y demuestra un compromiso extraordinario con la sostenibilidad, porque los olivicultores cuidan al máximo el medio ambiente con su trabajo.

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